Olas de calor que baten récords.

Inundaciones devastadoras.
Incendios enormes.
Huracanes.
Sequías.
Glaciares que retroceden.
Y terremotos cuyas imágenes recorren el mundo en cuestión de minutos.
Es fácil abrir las redes sociales y sentir que algo extraño está ocurriendo con la Tierra.
Pero ¿realmente estamos viendo más desastres que antes?
¿El planeta está atravesando cambios fuera de lo normal?
¿Todo está relacionado con el cambio climático?
La respuesta necesita separar dos cosas.
Sí, la Tierra está experimentando cambios importantes que pueden medirse científicamente.
Pero no todos los desastres naturales tienen la misma causa.
El calentamiento global está modificando la temperatura de la atmósfera, calentando los océanos, elevando el nivel del mar, reduciendo masas de hielo y alterando determinados fenómenos meteorológicos extremos.
Los terremotos y las erupciones volcánicas, en cambio, pertenecen principalmente a procesos geológicos.
Así que necesitamos hablar de lo que realmente sabemos.
Los últimos 11 años han sido extraordinariamente cálidos
Este es uno de los datos más importantes.
La Organización Meteorológica Mundial confirmó en marzo de 2026 que 2015-2025 fueron los 11 años más cálidos registrados.
El año 2025 terminó siendo el segundo o tercer año más cálido, dependiendo del conjunto de datos utilizado.
La temperatura media mundial estuvo aproximadamente 1,43 °C por encima del promedio de 1850-1900.
Eso no significa que todos los países sean más calientes todos los días.
Todavía existen:
inviernos fríos;
nevadas;
olas de frío;
y grandes variaciones regionales.
El clima no se determina observando qué temperatura hizo ayer en nuestra ciudad.
Lo importante es la tendencia global durante décadas.
Y esa tendencia es clara.
¿Cómo sabemos que la Tierra realmente se está calentando?
Porque no dependemos de una única medición.
NASA explica que las evidencias proceden de numerosas fuentes independientes:
estaciones meteorológicas;
satélites;
océanos;
glaciares;
núcleos de hielo;
anillos de árboles;
sedimentos;
y arrecifes de coral.
Todas permiten reconstruir cómo ha cambiado el clima.
NASA señala que la temperatura media superficial del planeta ha aumentado aproximadamente 1 °C desde finales del siglo XIX, impulsada principalmente por el incremento del dióxido de carbono y otras actividades humanas.
Por tanto, el calentamiento global no es simplemente una predicción sobre lo que podría ocurrir en 2100.
Ya está siendo medido.
¿Y cuál es la causa?
Aquí existe un consenso científico muy sólido.
El IPCC concluye que las actividades humanas, principalmente mediante las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global observado.
Entre los principales gases encontramos:
dióxido de carbono;
metano;
y óxido nitroso.
Estos gases forman parte natural de la atmósfera.
El problema es que las actividades humanas han aumentado considerablemente sus concentraciones.
Entre las principales fuentes se encuentran:
combustibles fósiles;
transporte;
generación de energía;
industria;
agricultura;
ganadería;
y cambios en el uso del suelo.
Los gases de efecto invernadero dificultan que parte del calor escape hacia el espacio.
El resultado es un desequilibrio energético.
Ese desequilibrio acaba de alcanzar un máximo
Este es un dato particularmente llamativo del informe climático de 2026.
La OMM informó que el desequilibrio energético de la Tierra alcanzó en 2025 su nivel más alto dentro del registro disponible.
En términos sencillos:
el planeta está reteniendo más energía de la que libera.
¿Y dónde termina la mayor parte de ese exceso de calor?
No principalmente en el aire.
En los océanos.
Más del 90 % del exceso de calor termina en los océanos
La OMM estima que más del 91 % del exceso de calor acumulado en el sistema climático es almacenado por el océano.
Esto significa que los mares funcionan como una especie de enorme amortiguador térmico.
Si no absorbieran tanta energía, el calentamiento atmosférico sería todavía mayor.
Pero esa función tiene consecuencias.
La OMM confirmó que en 2025 el contenido de calor oceánico alcanzó nuevamente un máximo histórico.
Y existe otro dato impresionante.
Entre 2024 y 2025, las capas superiores de los océanos acumularon aproximadamente 23 zettajulios adicionales de energía.
La OMM compara esa cantidad con unas 200 veces toda la electricidad producida mundialmente durante 2024.
Es una cantidad gigantesca de energía.
¿Qué ocurre cuando los océanos se calientan?
Muchas cosas.
Primero, el agua se expande al calentarse.
Eso contribuye al aumento del nivel del mar.
Además, océanos más cálidos pueden afectar:
ecosistemas marinos;
corales;
distribución de especies;
olas de calor marinas;
patrones atmosféricos;
y determinados fenómenos extremos.
El IPCC señala que las olas de calor marinas aproximadamente se han duplicado en frecuencia desde la década de 1980.
No significa que todos los océanos estén batiendo récords simultáneamente.
Existen enormes diferencias regionales.
Pero la tendencia global de acumulación de calor es clara.
El nivel del mar también está aumentando
Este cambio puede parecer lento.
Pero para millones de personas que viven cerca de las costas resulta fundamental.
El aumento ocurre principalmente por dos razones:
el agua caliente se expande;
y
el hielo situado sobre tierra firme se derrite y añade agua al océano.
La publicación original recoge estimaciones del IPCC según las cuales el nivel medio global del mar aumentó aproximadamente 20 centímetros entre 1901 y 2018.
Pero quizá lo más preocupante no sea únicamente cuánto ha subido.
Es la velocidad.
El aumento del nivel del mar se está acelerando
Los datos más recientes de la OMM muestran claramente esa aceleración.
Entre 1993 y 2011, el nivel medio del mar aumentó aproximadamente:
2,65 milímetros por año.
Entre 2012 y 2025, la velocidad fue aproximadamente:
4,75 milímetros por año.
Eso es casi el doble.
Unos pocos milímetros pueden parecer insignificantes.
Pero cuando se acumulan durante décadas y afectan a todos los océanos, el resultado cambia la exposición de las comunidades costeras.
¿Por qué unos centímetros importan tanto?
Porque el nivel del mar funciona como el punto de partida de una inundación costera.
Imagina una tormenta que empuja agua hacia una ciudad.
Si el océano ya se encuentra varios centímetros más alto, la tormenta no comienza desde el mismo lugar que décadas atrás.
Esto puede favorecer:
inundaciones durante mareas altas;
erosión costera;
entrada de agua salada;
daños a infraestructura;
y mayores impactos durante tormentas.
El problema no consiste simplemente en imaginar ciudades completamente sumergidas mañana.
Es un proceso progresivo que modifica el riesgo.
Los glaciares también están perdiendo hielo
Los cambios no se limitan al océano.
NASA ha documentado pérdidas importantes de hielo y retroceso de glaciares en numerosas regiones del planeta.
La OMM informó que la pérdida de masa de sus glaciares de referencia durante el año hidrológico 2024-2025 estuvo entre las cinco mayores pérdidas registradas.
El hielo marino también muestra cambios llamativos.
En 2025, la extensión máxima diaria del hielo marino del Ártico fue la más baja observada en el registro correspondiente.
No significa que todo el hielo vaya a desaparecer inmediatamente.
Pero nuevamente observamos una tendencia consistente con un planeta que acumula calor.
¿Realmente existen más olas de calor?
Aquí la evidencia es especialmente fuerte.
El IPCC concluye que es prácticamente seguro que los extremos de calor, incluidas las olas de calor, se han vuelto más frecuentes e intensos en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950.
Y existe alta confianza en que el cambio climático provocado por actividades humanas es el principal responsable.
Eso significa que cuando hablamos de calor extremo no estamos simplemente diciendo:
“ahora prestamos más atención”.
Existe un cambio medible.
Pero cuidado con una frase muy frecuente
Después de una ola de calor aparece inmediatamente:
“Esto ocurrió por el cambio climático”.
La ciencia de atribución es más precisa.
El cambio climático puede aumentar la:
probabilidad;
frecuencia;
duración;
o intensidad
de determinados eventos.
Pero un fenómeno meteorológico concreto puede depender simultáneamente de numerosos factores.
Por eso resulta más correcto preguntar:
¿cuánto modificó el cambio climático la probabilidad o intensidad de este evento?
¿Y las lluvias extremas?
También existen cambios.
El IPCC ha encontrado evidencia de que las precipitaciones intensas han aumentado en frecuencia e intensidad en muchas regiones con suficientes observaciones.
Existe una explicación física bastante intuitiva.
Una atmósfera más caliente puede contener más vapor de agua.
Cuando se dan las condiciones adecuadas para producir lluvia, existe potencial para precipitaciones más intensas.
Pero esto no significa que todas las inundaciones sean consecuencia directa del calentamiento global.
Una inundación depende de mucho más que la lluvia
Dos ciudades pueden recibir exactamente la misma cantidad de agua y experimentar consecuencias completamente diferentes.
¿Por qué?
Porque también importan:
sistemas de drenaje;
urbanización;
ríos;
deforestación;
suelos;
construcciones;
ocupación de zonas inundables;
presas;
y preparación ante emergencias.
Por eso cambio climático y vulnerabilidad deben analizarse conjuntamente.
Un evento natural se convierte en desastre dependiendo también de dónde y cómo vivimos.
¿Y las sequías?
Aquí la situación es más regional.
No podemos afirmar simplemente que:
“ahora hay más sequías en todo el planeta”.
El IPCC encuentra evidencia de que el cambio climático ha contribuido a incrementar determinadas sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones.
El aumento de temperatura puede favorecer una mayor pérdida de humedad mediante evaporación.
Pero las precipitaciones también cambian de manera diferente según la región.
Por eso algunas zonas pueden experimentar sequías más intensas mientras otras reciben más lluvia.
¿Los huracanes están aumentando?
Esta pregunta necesita especial cuidado.
No es correcto afirmar simplemente que el calentamiento global está produciendo “más huracanes en todas partes”.
Los ciclones tropicales son fenómenos complejos.
Pero un océano más cálido y una atmósfera con mayor humedad pueden proporcionar condiciones capaces de favorecer determinados aspectos de las tormentas.
El IPCC concluye que la influencia humana sobre algunos cambios observados en ciclones tropicales ha ganado respaldo científico, aunque la evidencia varía dependiendo de la característica analizada y la región.
Por eso:
“todos los huracanes son causados por el cambio climático”
es incorrecto.
Pero también lo sería afirmar:
“el calentamiento del planeta no tiene ninguna relación con los huracanes”.
¿El cambio climático provoca incendios forestales?
No en el sentido de encender directamente un bosque.
Un incendio puede comenzar por:
rayos;
fallas eléctricas;
fogatas;
quemas;
accidentes;
o acciones humanas intencionales.
Pero el clima puede modificar las condiciones bajo las cuales ese fuego se propaga.
Temperaturas elevadas, sequedad de la vegetación y determinados patrones de viento pueden crear escenarios mucho más favorables para incendios intensos.
Por eso debemos separar:
qué inicia el fuego
de
qué condiciones permiten que se vuelva extremo.
¿Y los terremotos?
Aquí entramos en un fenómeno completamente diferente.
Un terremoto ocurre principalmente debido al movimiento de fallas y placas tectónicas.
La publicación original recalca correctamente que no existe evidencia de que el calentamiento global esté provocando un aumento generalizado de los grandes terremotos destructivos.
Eso es importante porque después de prácticamente cualquier terremoto importante aparecen publicaciones diciendo:
“la Tierra está reaccionando”.
“el clima está provocando terremotos”.
“todo está conectado”.
Desde un punto de vista científico, no podemos agrupar todos esos fenómenos de esa manera.
Entonces, ¿por qué parece que hay terremotos constantemente?
Porque ahora los vemos constantemente.
Hace 50 años podía ocurrir un terremoto en una región remota y muchas personas en otros países jamás verían una sola imagen.
Hoy ocurre algo diferente.
Una persona graba con su teléfono.
Lo publica.
En minutos aparece en TikTok.
Después en Facebook.
Instagram.
YouTube.
WhatsApp.
Y medios internacionales.
En menos de una hora puedes estar observando un desastre ocurrido a miles de kilómetros.
La publicación original destaca precisamente que ver más desastres en nuestras pantallas no demuestra que todos los tipos de desastres estén aumentando.
Las redes sociales pueden distorsionar todavía más nuestra percepción
Existe otro problema.
Una inundación ocurre hoy.
Alguien publica imágenes reales.
Después otras cuentas comienzan a compartir videos de:
otra inundación;
otro país;
otro año;
y quizá hasta imágenes generadas o manipuladas.
Todo aparece presentado como si estuviera ocurriendo simultáneamente.
Entonces una persona hace scroll durante cinco minutos y concluye:
“El mundo entero está bajo el agua”.
Por eso verificar:
fecha;
ubicación;
fuente;
y contexto
se ha vuelto fundamental.
¿La Tierra está intentando advertirnos?
Esa pregunta entra parcialmente en terrenos filosóficos, espirituales o religiosos.
Cada persona puede interpretar los acontecimientos de acuerdo con sus creencias.
La ciencia responde otra pregunta:
¿qué podemos medir?
Y las mediciones muestran que:
la temperatura global ha aumentado;
los océanos acumulan cantidades récord de calor;
el nivel del mar está subiendo;
numerosos glaciares pierden masa;
y determinados fenómenos meteorológicos extremos están cambiando.
No necesitamos afirmar que el planeta está enviando mensajes para reconocer que esos cambios merecen atención.
Tampoco significa que estemos ante “el fin del mundo”
Este es el otro extremo.
Entre negar completamente el cambio climático y anunciar el apocalipsis existe un enorme espacio.
El cambio climático es un problema serio.
Produce riesgos para:
salud;
agricultura;
agua;
ecosistemas;
infraestructura;
economía;
y comunidades costeras.
La OMM señala que solamente durante 2025 diferentes episodios de calor, incendios, sequías, ciclones, tormentas e inundaciones provocaron miles de muertes, afectaron a millones de personas y ocasionaron pérdidas económicas de miles de millones.
Eso es suficientemente grave.
No necesitamos exagerarlo para tomarlo en serio.
¿Todavía existe variabilidad natural?
Por supuesto.
El Niño.
La Niña.
Erupciones volcánicas.
Variaciones oceánicas.
Cambios atmosféricos naturales.
Todos siguen influyendo en el clima.
Por ejemplo, la OMM señala que durante 2025 existieron condiciones de La Niña, asociadas normalmente con un efecto temporal de enfriamiento.
Aun así, 2025 terminó entre los tres años más cálidos registrados.
La variabilidad natural continúa funcionando.
Lo que ocurre es que ahora actúa sobre un planeta cuya temperatura media ya ha aumentado.
¿Podemos hacer algo?
Sí.
Existen dos grandes caminos que deben avanzar simultáneamente.
El primero es mitigación:
reducir las emisiones que están impulsando el calentamiento.
El segundo es adaptación:
prepararnos para los cambios que ya están ocurriendo o que no podremos evitar completamente.
Eso incluye:
mejores sistemas de alerta;
infraestructura resistente;
planes contra inundaciones;
preparación ante olas de calor;
manejo del agua;
protección costera;
y planificación urbana.
La OMM destaca que los sistemas de observación y alerta temprana son esenciales para reducir las consecuencias humanas de los fenómenos extremos.
Y en casa, ¿qué podemos hacer ante los fenómenos extremos?
Más allá del debate climático, existe algo muy práctico:
prepararnos para los riesgos de nuestra propia comunidad.
Conviene conocer:
qué fenómenos son frecuentes donde vivimos;
qué rutas de evacuación existen;
dónde están nuestros documentos importantes;
cómo recibiremos alertas;
qué medicamentos necesitamos;
y cómo nos comunicaremos con nuestra familia durante una emergencia.
La publicación original recomienda precisamente contar con un plan familiar y seguir siempre las indicaciones de los sistemas oficiales de emergencia.
Porque durante un huracán, inundación, terremoto o incendio, una cadena viral de WhatsApp no debería sustituir una alerta oficial.
Entonces, ¿la Tierra realmente está cambiando?
Sí.
Y tenemos instrumentos capaces de demostrarlo.
La OMM confirmó que los últimos 11 años fueron los 11 más cálidos registrados.
El contenido de calor de los océanos alcanzó un máximo histórico en 2025.
El nivel del mar continúa cerca de niveles récord y su velocidad de aumento se ha acelerado considerablemente.
Los glaciares continúan perdiendo masa.
El hielo marino del Ártico registró en 2025 su menor máximo anual observado.
Y el IPCC concluye que las olas de calor ya son más frecuentes e intensas en la mayoría de las regiones terrestres.
Pero eso no significa que cada desastre que aparece en nuestras redes tenga como causa el cambio climático.
Una ola de calor y un terremoto no son el mismo fenómeno.
Una inundación puede estar influida por el calentamiento y simultáneamente agravada por problemas de drenaje y urbanización.
Un incendio puede comenzar por acción humana y propagarse con mayor facilidad debido a condiciones extremadamente secas.
Entender esas diferencias es fundamental.
Porque la realidad científica ya es suficientemente importante:
no necesitamos convertir cada catástrofe en una señal misteriosa para reconocer que el planeta está atravesando cambios profundos.
La Tierra no necesita “hablarnos”.
Los termómetros, satélites, océanos, glaciares y décadas de mediciones ya están contando la historia.
Fuentes
- DK EaCash. La Tierra está cambiando: qué está ocurriendo realmente con el clima, los océanos y los fenómenos extremos. 20 de agosto de 2026.
- Organización Meteorológica Mundial (OMM). State of the Global Climate 2025. 23 de marzo de 2026.
- Organización Meteorológica Mundial (OMM). WMO confirms 2025 was one of warmest years on record. 14 de enero de 2026.
- NASA Science. Evidence: How Do We Know Climate Change Is Real?
- Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). Climate Change 2023: Synthesis Report.
- World Meteorological Organization. Earth’s climate swings increasingly out of balance. 2026.
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