“Esta planta mata las células cancerosas”.

La frase aparece constantemente en redes sociales.
Después viene una receta sencilla: preparar un té, tomar unas gotas, licuar determinadas hojas o consumir un extracto durante varios días.
Muchas veces la publicación incluso asegura que la medicina convencional no quiere que conozcas el remedio.
El problema es que existe una diferencia enorme entre una sustancia que muestra actividad contra células en un laboratorio y un tratamiento capaz de curar cáncer en una persona.
Hasta ahora, ningún enfoque complementario a base de plantas ha demostrado curar el cáncer o provocar su remisión de forma que permita sustituir los tratamientos oncológicos establecidos.
Eso no significa que las plantas no tengan interés científico. Significa que debemos hablar de ellas con precisión.
El cáncer no es una sola enfermedad
Uno de los primeros problemas de los remedios virales es que hablan del “cáncer” como si fuera una única enfermedad.
No lo es.
Existen numerosos tipos de cáncer, con diferencias en:
órgano de origen;
alteraciones moleculares;
velocidad de crecimiento;
capacidad de propagación;
respuesta a medicamentos;
y pronóstico.
Incluso dos personas con cáncer en el mismo órgano pueden recibir tratamientos diferentes.
Por eso una publicación que promete que una planta “cura todos los cánceres” debería generar inmediatamente desconfianza.
Que algo mate células cancerosas en un laboratorio no demuestra que cure personas
Este es uno de los errores más comunes.
Los investigadores pueden colocar células cancerosas en una placa y exponerlas a una sustancia.
Si las células mueren, tenemos un resultado interesante.
Pero todavía faltan preguntas enormes.
¿La sustancia puede absorberse en el cuerpo?
¿Puede alcanzar el tumor?
¿Qué dosis sería necesaria?
¿Esa dosis sería segura?
¿Dañaría también células normales?
¿Cómo se metaboliza?
¿Interactúa con otros medicamentos?
¿Funciona en animales?
¿Funciona finalmente en personas?
Muchísimos compuestos prometedores nunca superan todas esas etapas.
“Natural” no significa automáticamente seguro
La naturaleza produce sustancias extremadamente potentes.
Algunas se utilizan precisamente para fabricar medicamentos.
Otras pueden ser tóxicas.
Por eso la idea de que una planta no puede hacer daño porque crece naturalmente es incorrecta.
Los suplementos herbales pueden producir efectos adversos y también interactuar con medicamentos. El NCCIH advierte que algunas hierbas pueden modificar la eficacia de fármacos, incluidos tratamientos utilizados contra el cáncer.
Las interacciones durante la quimioterapia importan
Una persona puede pensar:
“Es solamente un té, no tengo que mencionárselo al oncólogo”.
Pero sí debería hacerlo.
Determinados productos naturales pueden modificar la forma en que el organismo procesa medicamentos.
Eso puede hacer que la concentración de un fármaco aumente o disminuya.
En tratamientos donde la dosis necesita mantenerse dentro de márgenes concretos, esa interacción puede ser importante.
Por eso los profesionales necesitan saber también qué suplementos, hierbas, extractos y vitaminas utiliza el paciente.
Los antioxidantes tampoco son automáticamente mejores durante el tratamiento
La palabra antioxidante suele interpretarse como sinónimo de saludable.
En alimentos, una dieta rica en frutas y vegetales puede formar parte de un patrón saludable.
Pero utilizar suplementos antioxidantes concentrados durante determinados tratamientos oncológicos es otra cuestión.
El NCCIH señala que existe preocupación porque algunos suplementos antioxidantes podrían interferir con mecanismos utilizados por ciertas terapias contra el cáncer.
Por eso tampoco conviene comenzar megadosis de vitaminas por cuenta propia después de recibir un diagnóstico.
¿Entonces ninguna planta tiene utilidad?
No es eso.
Las plantas han aportado moléculas de enorme importancia a la medicina.
Además, distintos productos naturales continúan siendo investigados.
El problema está en convertir una investigación preliminar en una cura disponible.
Por ejemplo, la curcumina, presente en la cúrcuma, se ha estudiado por sus posibles efectos biológicos. Sin embargo, el NCCIH señala que los estudios clínicos realizados hasta ahora son demasiado pequeños y heterogéneos para recomendar productos de curcumina como tratamiento del cáncer.
Eso es muy diferente de decir que “la cúrcuma cura el cáncer”.
También se ha investigado el té verde
El té verde contiene diferentes compuestos bioactivos.
Pero los estudios en seres humanos sobre su relación con prevención del cáncer han producido resultados inconsistentes.
El NCCIH indica que actualmente no puede afirmarse que el té verde prevenga el cáncer. También existen reportes de problemas hepáticos asociados a algunos extractos concentrados.
Tomar una taza de té y consumir cápsulas altamente concentradas tampoco son necesariamente equivalentes.
El jengibre ofrece un buen ejemplo de uso complementario
El jengibre ha sido estudiado en personas que reciben quimioterapia, principalmente por las náuseas.
Los resultados son mixtos: algunos estudios encuentran beneficios y otros no.
Observa la diferencia.
La pregunta científica es:
“¿Puede ayudar con un síntoma relacionado con el tratamiento?”
No:
“¿Puede sustituir la quimioterapia?”
Son objetivos completamente diferentes.
Algunas terapias complementarias sí pueden ayudar con síntomas
Acupuntura, ejercicio adaptado, técnicas de relajación y otras intervenciones pueden tener utilidad para determinadas personas durante el tratamiento oncológico.
El NCCIH señala, por ejemplo, que existe evidencia de que la acupuntura puede ayudar con ciertos tipos de dolor, fatiga y náuseas relacionadas con tratamientos.
Complementario significa precisamente eso:
se utiliza junto al tratamiento médico, no en su lugar.
El mayor peligro puede ser retrasar un tratamiento eficaz
Imagina que una persona descubre un tumor en una etapa donde todavía existe una posibilidad importante de tratamiento.
Después encuentra un video prometiendo que una planta lo eliminará en tres meses.
Decide esperar.
El tumor continúa creciendo.
Cuando vuelve al médico, la situación puede ser diferente.
Ese retraso es uno de los riesgos más graves de las falsas curas.
El NCCIH advierte específicamente que retrasar tratamientos oncológicos efectivos puede disminuir las probabilidades de remisión o curación.
Desconfía de determinadas frases
Hay expresiones que aparecen constantemente en productos fraudulentos:
“cura todos los tipos de cáncer”;
“mata solamente las células malas”;
“más efectivo que la quimioterapia”;
“los médicos no quieren que lo sepas”;
“100 % natural y sin efectos secundarios”.
El NCCIH y la FDA han advertido sobre productos promocionados con afirmaciones de este tipo.
Una afirmación extraordinaria necesita evidencia extraordinaria.
No un testimonio de Facebook.
Los testimonios personales no demuestran eficacia
“Mi tío lo tomó y se curó”.
Puede ser una historia sincera.
Pero faltan datos.
¿Qué cáncer tenía?
¿Qué tratamiento médico recibió?
¿Había cirugía?
¿Quimioterapia?
¿Radioterapia?
¿El diagnóstico estaba confirmado?
¿El tumor desapareció antes o después de comenzar la planta?
¿Existe seguimiento?
Sin esa información no podemos atribuir la recuperación al remedio.
Tampoco deberíamos culpar al paciente
Cuando alguien tiene una enfermedad grave es comprensible que busque todas las opciones posibles.
La desesperación hace que una promesa de esperanza sea extremadamente poderosa.
Por eso la responsabilidad principal debería recaer sobre quienes comercializan afirmaciones falsas, no sobre las personas que desean vivir.
La solución no es burlarse.
Es ofrecer información clara.
Si quieres utilizar una planta durante el tratamiento, pregunta
Lleva el nombre exacto.
Si es un suplemento, lleva el envase.
Indica cuánto tomas.
Con qué frecuencia.
Y desde cuándo.
Esto permite revisar posibles interacciones.
Decirle al oncólogo que estás utilizando algo no significa que necesariamente te obligará a dejarlo.
Significa que puede valorar su seguridad dentro del tratamiento concreto que recibes.
Una alimentación saludable continúa siendo importante
Tener cáncer no convierte la nutrición en irrelevante.
Una alimentación adecuada puede ayudar a mantener peso, masa muscular y estado nutricional durante determinados tratamientos.
Pero las necesidades pueden cambiar.
Algunas personas tienen náuseas.
Otras pierden apetito.
Algunas desarrollan dificultades para tragar.
Por eso tampoco existe una “dieta anticáncer” universal.
Investigar plantas tiene sentido; vender curas sin demostrar, no
Podemos mantener ambas ideas al mismo tiempo.
La naturaleza contiene sustancias científicamente interesantes.
Algunas plantas podrían aportar futuras moléculas terapéuticas.
Pero convertir resultados preliminares en una receta para abandonar tratamientos médicos puede ser peligroso.
El NCCIH es claro: actualmente ningún enfoque complementario ha demostrado curar el cáncer o provocar su remisión.
Las plantas pueden estudiarse.
Algunas pueden utilizarse como alimentos.
Otras pueden tener usos complementarios específicos.
Pero cuando alguien promete que una hierba sustituye cirugía, radioterapia, inmunoterapia, terapia dirigida o quimioterapia, ya no estamos hablando simplemente de medicina natural.
Estamos hablando de una afirmación que necesita pruebas clínicas.
Y si esas pruebas no existen, no debería presentarse como una cura.
Fuentes
National Center for Complementary and Integrative Health — Cáncer y enfoques complementarios.
National Center for Complementary and Integrative Health — Interacciones entre hierbas, suplementos y medicamentos.
National Center for Complementary and Integrative Health — Suplementos antioxidantes durante el tratamiento del cáncer.
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