Trombosis: señales de alerta, prevención segura y por qué no debes confiar solo en remedios naturales

Una pierna comienza a hincharse.

Está más caliente de lo habitual.

Duele sin que recuerdes haberte golpeado.

Quizá notas un cambio de color.

Es fácil pensar que se trata de cansancio, mala circulación o simplemente haber pasado demasiado tiempo sentado.

Pero existe otra posibilidad que merece atención: una trombosis venosa profunda.

No significa que cualquier dolor de pierna sea un coágulo. La mayoría tendrá otras explicaciones.

El problema es que una trombosis puede tener consecuencias graves si parte del coágulo se desprende y viaja hacia los pulmones. Por eso reconocer las señales y buscar atención cuando corresponde es mucho más importante que intentar “mejorar la circulación” con remedios caseros.

¿Qué es una trombosis venosa profunda?

La trombosis venosa profunda, conocida como TVP o DVT por sus siglas en inglés, ocurre cuando se forma un coágulo en una vena profunda.

Aparece con mayor frecuencia en la pierna, aunque también puede desarrollarse en otras zonas, incluido el brazo.

La TVP forma parte del llamado tromboembolismo venoso.

La otra gran complicación es la embolia pulmonar, que ocurre cuando una parte del coágulo se desprende, viaja por la circulación y llega hasta los pulmones.

La hinchazón de una sola pierna merece atención

Uno de los síntomas clásicos es la hinchazón de la extremidad afectada.

También pueden aparecer:

  • dolor o sensibilidad;
  • sensación de calor;
  • enrojecimiento;
  • o cambios de color en la piel.

El CDC señala que aproximadamente la mitad de las personas con TVP puede no presentar síntomas, por lo que su ausencia tampoco permite descartarla por completo.

No todo dolor en la pantorrilla es una trombosis

Una lesión muscular puede doler.

Una mala postura puede producir molestias.

El ejercicio también.

Problemas articulares, nerviosos y circulatorios pueden provocar síntomas similares.

La diferencia es que no podemos saber con seguridad si existe un coágulo solamente tocándonos la pierna o comparándola con fotografías de internet.

Cuando existe sospecha clínica, hacen falta una valoración y, cuando corresponde, pruebas diagnósticas.

Hay una complicación que sí necesita atención inmediata

La embolia pulmonar puede presentarse con:

dificultad repentina para respirar;

dolor o molestia en el pecho, especialmente al respirar profundamente o toser;

latidos rápidos o irregulares;

tos con sangre;

mareo;

desmayo;

o presión arterial muy baja.

Estos síntomas necesitan atención médica inmediata.

No es el momento de preparar un té para “activar la circulación”.

¿Quién tiene mayor riesgo?

Una trombosis puede ocurrirle a prácticamente cualquier persona, pero algunos factores aumentan el riesgo.

Entre ellos están:

cirugía mayor;

hospitalización;

inmovilidad prolongada;

fracturas o lesiones importantes;

edad avanzada;

antecedentes personales o familiares de coágulos;

algunos tipos de cáncer;

embarazo y período posterior al parto;

y determinados tratamientos que contienen estrógeno.

Tener uno de estos factores no significa que necesariamente desarrollarás una trombosis.

Significa que el riesgo puede ser mayor.

El riesgo aumenta cuando varios factores coinciden

Una persona puede tener más de un factor simultáneamente.

Por ejemplo:

cirugía reciente;

varios días en cama;

edad avanzada;

y antecedentes previos de trombosis.

El CDC señala que la posibilidad aumenta cuando se acumulan factores de riesgo.

Por eso la prevención médica se adapta a cada paciente.

Los viajes largos también entran en la conversación

Permanecer inmóvil durante muchas horas puede favorecer la formación de coágulos en personas susceptibles.

El NHLBI indica que los viajes de más de cuatro horas aumentan el riesgo de tromboembolismo venoso y recomienda, entre otras medidas, levantarse y caminar aproximadamente cada una o dos horas cuando sea posible, mover rodillas y tobillos y cambiar de posición con frecuencia.

Eso no significa que cada vuelo largo sea peligroso.

El riesgo individual importa.

Después de una cirugía, moverse puede formar parte de la prevención

Cuando el equipo médico lo permite, comenzar a movilizarse después de una intervención ayuda a reducir el estancamiento de sangre.

En personas con riesgo elevado pueden utilizarse otras estrategias.

Por ejemplo:

dispositivos de compresión;

medias de compresión en casos seleccionados;

o medicamentos anticoagulantes.

La decisión depende de la situación clínica.

¿Beber mucha agua previene una trombosis?

Mantener una hidratación adecuada es razonable para la salud general.

Pero reducir la prevención de coágulos a “bebe mucha agua” es demasiado simplista.

Una persona recién operada con alto riesgo de trombosis no sustituye un anticoagulante indicado por el médico tomando más agua.

Lo mismo ocurre con otros factores importantes.

¿Y el ajo?

El ajo aparece constantemente en publicaciones sobre circulación.

Puede formar parte perfectamente de una alimentación saludable.

Pero comer ajo no es tratamiento para una TVP.

No existe una cantidad culinaria de ajo que podamos recomendar para disolver de forma segura un coágulo ya formado.

Intentarlo puede retrasar la atención necesaria.

Tampoco el jengibre

Jengibre, cúrcuma, canela, limón, cebolla y otras plantas contienen compuestos biológicamente activos.

Eso no las convierte en sustitutos de medicamentos anticoagulantes.

Una trombosis confirmada necesita tratamiento médico dirigido a impedir que el coágulo aumente y reducir el riesgo de complicaciones.

“Adelgazar la sangre naturalmente” puede ser una idea peligrosa

La expresión parece sencilla, pero la coagulación es un proceso complejo.

Además, los anticoagulantes médicos tienen dosis específicas y necesitan utilizarse teniendo en cuenta riesgos como el sangrado.

Intentar combinar suplementos, plantas y medicamentos para “hacer la sangre más líquida” sin supervisión tampoco es inocente.

Los productos naturales pueden interactuar con tratamientos.

¿Cómo se trata una trombosis?

El tratamiento depende de la localización, gravedad y características del paciente.

Los anticoagulantes son una parte fundamental del manejo de muchos casos de tromboembolismo venoso.

El NHLBI incluye heparina, anticoagulantes orales directos y warfarina entre los medicamentos utilizados para prevenir y tratar determinados casos.

En situaciones concretas pueden necesitarse otros procedimientos.

No existe una única receta válida para todo el mundo.

Tampoco deberías comenzar aspirina por tu cuenta

Algunas personas escuchan “coágulo” y piensan inmediatamente en aspirina.

Pero los coágulos arteriales y venosos no son exactamente el mismo problema.

El CDC distingue la TVP, que se desarrolla en venas profundas, de la trombosis arterial relacionada con problemas como infarto o accidente cerebrovascular.

No empieces aspirina ni otro medicamento para una sospecha de trombosis sin valoración médica.

La prevención empieza conociendo tu riesgo

Si vas a someterte a una cirugía, pregunta:

¿Tengo riesgo elevado de trombosis?

¿Necesitaré anticoagulante?

¿Cuándo puedo comenzar a caminar?

¿Debo utilizar algún tipo de compresión?

Si ya tuviste un coágulo anteriormente, esa información debe formar parte de tu historial médico.

También conviene comunicar antecedentes familiares.

El movimiento cotidiano importa

Evitar una vida completamente sedentaria es una medida razonable para reducir riesgo.

El CDC recomienda mantenerse activo y moverse después de períodos prolongados de inmovilidad cuando sea seguro hacerlo.

Si trabajas sentado durante muchas horas, levantarte periódicamente también tiene sentido.

Pero nuevamente:

caminar es prevención general.

No es tratamiento casero para una trombosis ya existente.

¿Qué pasa después de haber tenido una?

El seguimiento importa porque algunas personas pueden volver a presentar tromboembolismo venoso.

El NHLBI señala que aproximadamente una de cada tres personas que ha tenido un episodio puede presentar otro dentro de los diez años siguientes.

Por eso cumplir el tratamiento y las revisiones indicadas es fundamental.

No masajees una pierna sospechosa intentando “mover la sangre”

Cuando una pierna aparece repentinamente hinchada, caliente y dolorosa sin explicación clara, la prioridad es determinar qué está ocurriendo.

No necesitas:

masajes intensos;

remedios calientes;

aceites esenciales;

infusiones;

ni ejercicios fuertes para “destrabar” la circulación.

Necesitas una evaluación si los síntomas hacen sospechar una trombosis.

El cuerpo puede avisar de maneras relativamente sencillas

Hinchazón.

Dolor.

Calor.

Cambio de color.

No parecen síntomas extraordinarios.

Precisamente por eso pueden pasar desapercibidos.

Y si aparece dificultad respiratoria o dolor en el pecho, la situación cambia por completo.

La buena noticia es que la trombosis venosa puede prevenirse y tratarse en muchos casos cuando se identifica a tiempo.

El ajo puede quedarse en la comida.

El jengibre puede quedarse en la infusión.

Pero un posible coágulo necesita algo mucho más importante:

atención médica a tiempo.

Fuentes

Centers for Disease Control and Prevention — Venous Thromboembolism: Blood Clots.

National Heart, Lung, and Blood Institute — Venous Thromboembolism.

National Heart, Lung, and Blood Institute — Preventing Blood Clots.

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