Vacunas COVID-19 y cáncer: qué dice realmente el estudio que generó una alerta viral

Dos mujeres aparecen frente a ti.

La pregunta parece extremadamente sencilla:

¿Cuál de ellas parece mayor?

Observas los rostros durante algunos segundos.

Una tiene determinadas líneas alrededor de los ojos.

La otra presenta facciones diferentes.

Quizá una parece tener la piel más lisa.

Tomas una decisión.

Entonces aparece una supuesta explicación psicológica: si elegiste a la primera eres observador, si elegiste a la segunda eres intuitivo, emocional o posees determinada personalidad.

Ese tipo de retos funciona extraordinariamente bien en redes sociales.

Sin embargo, existe una diferencia enorme entre preguntar qué persona parece mayor y demostrar cuál es realmente mayor.

Además, la elección no constituye una prueba psicológica capaz de revelar nuestra personalidad.

El cerebro calcula edades constantemente

Cuando vemos un rostro desconocido, nuestro cerebro intenta obtener rápidamente información.

Podemos realizar estimaciones sobre edad, expresiones emocionales y otras características.

Gran parte de este proceso ocurre casi automáticamente.

No necesitamos detenernos conscientemente a contar arrugas.

Observamos el conjunto.

Pero una estimación rápida no significa que sea exacta.

¿Qué características asociamos con la edad?

Existen cambios físicos que suelen aparecer con el paso de los años.

La piel puede perder elasticidad.

Pueden aparecer líneas y arrugas.

El cabello puede cambiar de color y densidad.

La distribución de grasa facial también puede modificarse.

Pero estos procesos no ocurren exactamente a la misma velocidad en todas las personas.

Dos mujeres de 50 años pueden aparentar edades considerablemente diferentes.

La genética tiene influencia

Algunas características de nuestra piel y estructura facial tienen un componente genético.

Eso puede influir en la manera en que envejecemos visualmente.

Pero la genética es solamente una parte.

La exposición al sol, el tabaquismo, diferentes hábitos, determinadas enfermedades y otros factores pueden modificar la apariencia.

Por eso no existe una fórmula visual perfecta que permita convertir un rostro en una fecha de nacimiento.

El sol puede modificar considerablemente la piel

La exposición acumulada a radiación ultravioleta participa en el fotoenvejecimiento.

Con el paso de los años puede contribuir a manchas, cambios en la textura y arrugas.

Dos personas de la misma edad cronológica pueden haber tenido exposiciones solares muy diferentes.

Una puede haber trabajado durante décadas al aire libre.

Otra puede haber tenido una exposición mucho menor.

Eso puede reflejarse en la apariencia de la piel.

El maquillaje también cambia nuestra estimación

Un rostro maquillado puede alterar nuestra percepción de edad.

Las cejas, pestañas, labios y textura aparente de la piel pueden modificar la impresión general.

Un determinado peinado también influye.

Lo mismo ocurre con accesorios y ropa.

Por eso los retos visuales que comparan dos fotografías pueden estar midiendo muchas cosas al mismo tiempo.

La iluminación puede añadir o esconder años

Una luz frontal suave puede disminuir visualmente determinadas sombras.

Una iluminación lateral intensa puede hacer mucho más visibles las líneas y la textura.

Esto explica por qué una misma persona puede parecer considerablemente diferente en dos fotografías tomadas el mismo día.

No necesariamente existe edición.

Simplemente cambió la luz.

La cámara tampoco es neutral

La distancia y el tipo de lente pueden modificar las proporciones faciales.

Una fotografía tomada muy cerca puede exagerar determinadas características.

El ángulo también importa.

Una imagen desde abajo no produce el mismo efecto que una fotografía ligeramente elevada.

Por eso comparar edades mediante fotografías tomadas en condiciones diferentes resulta especialmente impreciso.

¿Las arrugas indican exactamente la edad?

No.

Aunque generalmente aumentan con el envejecimiento, existe una variabilidad enorme.

Hay personas relativamente jóvenes con líneas de expresión marcadas.

Otras conservan una piel aparentemente lisa durante más tiempo.

Además, determinados tratamientos cosméticos pueden modificar temporal o permanentemente algunos signos visibles.

Mirar solamente las arrugas puede conducir a errores.

El cabello puede engañarnos todavía más

Socialmente asociamos las canas con la edad.

Pero pueden aparecer temprano.

Existen personas que comienzan a tener cabello gris durante la juventud.

Otras mantienen su color natural durante mucho más tiempo.

Además, millones de personas tiñen su cabello.

Utilizarlo como indicador preciso de edad resulta poco fiable.

¿Qué significa si acertaste?

Probablemente interpretaste correctamente las señales disponibles.

Nada más.

No demuestra automáticamente que tengas una inteligencia superior.

Tampoco significa que seas extraordinariamente observador en todos los aspectos de tu vida.

Resolver un ejercicio concreto demuestra principalmente que resolviste ese ejercicio.

Para evaluar habilidades cognitivas se necesitan herramientas diseñadas y validadas específicamente para ello.

¿Y si te equivocaste?

Tampoco significa que tengas mala percepción.

Quizá las fotografías estaban diseñadas precisamente para engañarte.

Quizá utilizaste una señal visual que normalmente funciona pero que en ese caso resultaba poco fiable.

Los acertijos se vuelven interesantes cuando consiguen provocar errores.

Si todo el mundo pudiera responder correctamente en un segundo, probablemente nadie compartiría el reto.

¿Puede revelar tu personalidad?

No existe fundamento para asignar un perfil psicológico completo dependiendo de cuál rostro elegiste.

Las pruebas de personalidad utilizadas profesionalmente requieren procedimientos de validación.

Deben demostrar que sus resultados son relativamente consistentes y que realmente evalúan los rasgos que pretenden medir.

Una imagen viral acompañada por dos descripciones positivas no cumple esos criterios.

¿Por qué entonces sentimos que la descripción nos representa?

Muchos tests virales utilizan afirmaciones suficientemente generales.

Por ejemplo:

«Eres una persona que analiza antes de tomar decisiones, pero también sabes confiar en tu intuición».

Esa descripción puede aplicarse a muchísimas personas.

Cuando queremos creer que un resultado habla sobre nosotros, prestamos mayor atención a las partes que coinciden.

Todos queremos descubrir algo sobre nosotros mismos

Esta es una de las razones por las que estos contenidos funcionan tan bien.

No estamos simplemente observando dos rostros.

Nos prometen una recompensa.

«Tu respuesta revelará cómo funciona tu mente».

Eso genera mucha más curiosidad que preguntar simplemente cuál mujer parece mayor.

El componente psicológico convierte un juego visual en algo aparentemente personal.

La percepción sí es un tema científico

Que el test viral no diagnostique nuestra personalidad no significa que la percepción carezca de interés científico.

Todo lo contrario.

Los investigadores estudian cómo reconocemos rostros, interpretamos expresiones y calculamos edades.

También estudian por qué determinados estímulos producen errores.

Nuestro cerebro necesita interpretar una enorme cantidad de información visual rápidamente.

Para hacerlo utiliza patrones y experiencias anteriores.

Las expectativas pueden influir

Si antes de mostrar una fotografía alguien nos dice que una persona es abuela, podemos comenzar a buscar características asociadas con mayor edad.

Si nos dicen que es estudiante universitaria, nuestras expectativas cambian.

El contexto puede influir en cómo interpretamos una misma imagen.

Esto demuestra que la percepción no depende únicamente de aquello que llega a nuestros ojos.

También interviene lo que esperamos encontrar.

Las fotografías antiguas producen otro fenómeno curioso

Muchas veces observamos imágenes de personas de 30 años tomadas hace cinco o seis décadas y pensamos que parecían mayores.

Parte de esa sensación puede estar relacionada con ropa, peinados y estilos que actualmente asociamos con generaciones anteriores.

El cerebro no solamente observa la piel.

También interpreta señales culturales.

¿Cómo jugar correctamente estos retos?

Como entretenimiento.

Observa la imagen.

Elige.

Compara tu respuesta con la solución si existe una edad comprobable.

Después analiza qué característica hizo que tomaras esa decisión.

Ese proceso puede resultar interesante.

Lo que no deberíamos hacer es convertir la elección en un diagnóstico psicológico.

La pregunta importante es “parece”, no “es”

Una persona puede parecer mayor sin serlo.

Esa diferencia resume todo el reto.

La edad cronológica se determina mediante el tiempo transcurrido desde el nacimiento.

La edad aparente es una estimación realizada por otra persona.

No son equivalentes.

Así que cuando aparezca nuevamente una imagen preguntando qué mujer parece mayor, disfruta del desafío. Tu respuesta puede mostrar qué señales visuales llamaron primero tu atención. Lo que no puede hacer es resumir tu inteligencia, personalidad o manera de relacionarte con el mundo mediante una sola elección.

Fuentes

  • American Psychological Association
  • Association for Psychological Science
  • National Library of Medicine
  • National Institutes of Health
  • Literatura científica sobre percepción facial y envejecimiento

ARTÍCULO 6 DE 16 — Vacunas COVID-19 y cáncer: qué dice realmente el estudio que generó una alerta viral

3 títulos virales para elegir

  1. ¿Las vacunas contra COVID-19 aumentan el cáncer? Lo que realmente puede y no puede demostrar un estudio
  2. Un estudio sobre vacunas y cáncer encendió las redes: el detalle científico que muchos titulares omitieron
  3. Vacunas COVID-19 y cáncer: por qué una asociación estadística no demuestra que una vacuna cause tumores

Vacunas COVID-19 y cáncer: qué dice realmente el estudio que generó una alerta viral

Pocas palabras generan tanta preocupación como «cáncer».

Si además aparecen junto a «vacunas COVID-19» y «nuevo estudio», el resultado tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en un contenido viral.

Durante los últimos años han circulado afirmaciones asegurando que las vacunas contra COVID-19 provocan cáncer, aceleran tumores o producen un supuesto fenómeno denominado «cáncer turbo».

La aparición de estudios observacionales que encuentran asociaciones estadísticas con determinados diagnósticos puede reactivar inmediatamente esas afirmaciones.

Pero existe una regla fundamental que no debemos olvidar:

Encontrar que dos acontecimientos aparecen asociados en una base de datos no demuestra automáticamente que uno haya provocado el otro.

Comprender esa diferencia es esencial antes de sacar conclusiones sobre vacunas y cáncer.

¿Qué intenta hacer un estudio observacional?

Los investigadores pueden analizar grandes bases de datos sanitarias.

Por ejemplo, pueden comparar personas vacunadas y no vacunadas durante determinado período.

Después observan cuántos diagnósticos aparecen en cada grupo.

Este tipo de investigación puede detectar señales interesantes.

También puede generar nuevas preguntas.

Pero tiene limitaciones importantes.

Los investigadores no asignaron aleatoriamente a cada persona a vacunarse o no vacunarse.

Los grupos ya pueden ser diferentes desde el principio.

Correlación no significa causalidad

Imaginemos que un grupo presenta más diagnósticos de determinada enfermedad.

Eso puede deberse a una causa real.

Pero también podría estar relacionado con edad, acceso al sistema sanitario, frecuencia de pruebas médicas, enfermedades previas, diferencias socioeconómicas o numerosos factores adicionales.

Por eso encontrar una correlación constituye el comienzo de una investigación, no necesariamente el final.

Para afirmar que una intervención causa cáncer se necesita evidencia mucho más sólida y coherente.

El cáncer normalmente no aparece de un día para otro

La palabra cáncer agrupa numerosas enfermedades.

Su desarrollo puede implicar acumulación de cambios celulares durante años.

Algunos tumores permanecen sin detectarse durante mucho tiempo.

Esto resulta fundamental cuando interpretamos investigaciones realizadas durante períodos relativamente cortos.

Un cáncer diagnosticado meses después de una vacunación no necesariamente comenzó después de recibirla.

Podía estar desarrollándose previamente sin haber sido detectado.

El momento del diagnóstico puede engañar

Supongamos que una persona recibe una vacuna en enero.

En marzo comienza a sentirse mal.

En abril recibe un diagnóstico de cáncer.

Temporalmente, la vacunación ocurrió primero.

Pero eso no demuestra que causara la enfermedad.

En medicina, «ocurrió después» y «ocurrió debido a» son afirmaciones completamente diferentes.

Establecer causalidad necesita mucho más.

¿Qué pasa con las grandes campañas de vacunación?

Miles de millones de dosis contra COVID-19 fueron administradas en todo el mundo.

Cuando una intervención alcanza semejante escala, inevitablemente algunas personas recibirán diagnósticos de cáncer después de vacunarse.

También sufrirán infartos.

O tendrán accidentes.

O desarrollarán otras enfermedades.

La pregunta científica no es si esos acontecimientos ocurren después de una vacuna.

La pregunta es si ocurren con una frecuencia superior a la esperada y si existe evidencia convincente de una relación causal.

Los sistemas de vigilancia precisamente buscan señales

Las autoridades sanitarias mantienen sistemas para detectar posibles efectos adversos.

Esto permite investigar acontecimientos inesperados.

Cuando aparece una señal, puede compararse con otras bases de datos.

También se analiza si existe un mecanismo biológico plausible.

La vigilancia no termina cuando un producto comienza a utilizarse.

Continúa durante su aplicación.

Reportar un evento no demuestra que la vacuna lo causó

Este punto genera muchísima confusión.

Los sistemas de notificación pueden recibir informes sobre problemas médicos ocurridos después de una vacunación.

Eso es intencional.

Permite detectar posibles patrones.

Pero un reporte individual no demuestra causalidad.

Si una persona recibe una vacuna y una semana después desarrolla determinada enfermedad, el caso puede registrarse para investigación.

Después es necesario determinar si existe alguna relación.

¿Qué son las vacunas de ARNm?

Algunas vacunas contra COVID-19 utilizan ARN mensajero.

El ARNm proporciona temporalmente instrucciones para que las células produzcan una proteína que permite al sistema inmunitario reconocer al virus.

El material no necesita entrar en el núcleo celular para realizar esa función.

Posteriormente se degrada.

La afirmación de que las vacunas de ARNm necesariamente modifican el ADN de una persona no describe correctamente su mecanismo normal de funcionamiento.

¿Existe algo llamado “turbo cáncer”?

No es una categoría médica reconocida de cáncer.

La expresión se popularizó principalmente en redes sociales y determinados espacios de internet para describir supuestos tumores extremadamente rápidos después de la vacunación.

Los cánceres agresivos existen desde mucho antes de la pandemia.

Algunos pueden crecer rápidamente.

Pero utilizar una etiqueta llamativa no demuestra una nueva enfermedad causada por vacunas.

Para establecer algo así se necesitarían datos epidemiológicos y biológicos robustos.

Algunos cánceres siempre han sido agresivos

Determinados tumores pueden progresar con rapidez.

Otros responden de manera diferente dependiendo de su biología.

Por eso un caso particularmente agresivo no demuestra por sí mismo que apareció una nueva categoría de cáncer.

Los médicos clasifican los tumores utilizando características específicas.

El momento de una vacunación no sustituye esos criterios.

Los estudios deben analizarse completos

Un titular puede decir:

«Estudio encuentra aumento del cáncer después de vacunación».

Pero necesitamos preguntar:

¿Qué población estudió?

¿Cuántas personas participaron?

¿Cuánto tiempo fueron observadas?

¿Qué tipos de cáncer?

¿Se ajustaron los resultados por edad?

¿Existían diferencias entre los grupos?

¿El estudio demuestra causalidad o solamente asociación?

¿Qué dicen los propios autores sobre las limitaciones?

Sin esas respuestas, el titular puede ser mucho más contundente que la investigación.

La pandemia también alteró los diagnósticos de cáncer

Durante los primeros períodos de COVID-19 se retrasaron consultas, pruebas de detección y procedimientos médicos.

Muchas personas evitaron hospitales.

Determinados programas de cribado se interrumpieron.

Cuando los sistemas sanitarios comenzaron a normalizarse, algunos diagnósticos que podrían haberse realizado antes aparecieron posteriormente.

Este fenómeno complica todavía más las comparaciones simples entre años.

También cambió quién acudía al médico

Las personas vacunadas pueden tener patrones diferentes de utilización del sistema sanitario respecto a quienes no se vacunaron.

Eso puede modificar la probabilidad de recibir determinados diagnósticos.

Si un grupo realiza más consultas y pruebas, pueden encontrarse enfermedades que permanecían ocultas.

Este fenómeno se conoce como sesgo de detección y es uno de los elementos que los investigadores deben considerar.

¿Significa esto que las vacunas no tienen efectos adversos?

No.

Ningún medicamento o vacuna está completamente libre de riesgos.

Después de las campañas de vacunación contra COVID-19 se identificaron efectos adversos poco frecuentes asociados con determinados productos.

Reconocer riesgos demostrados es parte de la medicina basada en evidencia.

Pero identificar algunos efectos adversos reales no significa que cualquier enfermedad ocurrida posteriormente deba atribuirse automáticamente a la vacuna.

Cada posible asociación necesita evaluarse individualmente.

El equilibrio entre beneficios y riesgos también cambia

La edad, las enfermedades previas, la circulación del virus y la inmunidad existente pueden modificar el balance entre beneficios y riesgos.

Por eso las recomendaciones de vacunación pueden actualizarse con el tiempo.

Lo que se recomendaba durante la emergencia inicial de 2021 no necesariamente tiene que ser idéntico años después.

Actualizar una recomendación no demuestra que las recomendaciones anteriores fueran fraudulentas.

La evidencia y las circunstancias evolucionan.

¿Qué debería hacer una persona preocupada?

Si alguien ha recibido una vacuna contra COVID-19 y posteriormente desarrolla síntomas preocupantes, debería buscar evaluación médica de acuerdo con esos síntomas.

No es recomendable ignorar un problema atribuyéndolo simplemente a la vacuna.

Tampoco asumir automáticamente que se trata de cáncer.

Pérdida de peso inexplicada, sangrado anormal, masas persistentes o cambios importantes y duraderos merecen evaluación independientemente del historial de vacunación.

Las pruebas de detección continúan siendo importantes

Mamografías, pruebas de cuello uterino, estudios colorrectales y otros programas de detección se utilizan según edad, sexo, antecedentes y recomendaciones médicas.

Abandonarlos por miedo a una vacuna sería contraproducente.

Detectar determinados cánceres temprano puede mejorar considerablemente las opciones de tratamiento.

La investigación debe continuar

Decir que un estudio no demuestra causalidad no significa descartarlo.

Las señales científicas merecen investigación.

Los resultados deben intentar reproducirse en otras poblaciones.

También necesitan analizarse mediante diferentes metodologías.

Si aparece un riesgo verdadero, la evidencia debería hacerse progresivamente más consistente.

Ese proceso es precisamente cómo funciona la ciencia.

Los extremos dificultan la conversación

Afirmar que todas las preocupaciones son absurdas no ayuda.

Pero tampoco ayuda transformar cualquier asociación estadística en prueba definitiva de una conspiración.

Entre ambos extremos existe una opción mucho más útil:

Examinar los datos.

Reconocer incertidumbres.

Investigar señales.

Y modificar recomendaciones cuando la evidencia lo justifique.

¿Qué podemos concluir actualmente?

Un estudio observacional puede detectar una asociación que merece seguimiento.

Pero no permite afirmar automáticamente que las vacunas contra COVID-19 causan cáncer.

Para demostrar una relación causal se necesita considerar temporalidad, mecanismos biológicos, factores de confusión, consistencia entre estudios y otros elementos.

Cuando un titular diga que una vacuna “provoca cáncer”, conviene buscar qué demostró realmente la investigación. En ciencia, una asociación puede ser importante y merecer estudio sin convertirse automáticamente en una prueba de causa y efecto. Esa diferencia cambia completamente la interpretación.

Fuentes

  • Organización Mundial de la Salud
  • National Cancer Institute
  • Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades
  • European Medicines Agency
  • National Library of Medicine

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