Dos mujeres aparecen frente a ti.

La pregunta parece extremadamente sencilla:
¿Cuál de ellas parece mayor?
Observas los rostros durante algunos segundos.
Una tiene determinadas líneas alrededor de los ojos.
La otra presenta facciones diferentes.
Quizá una parece tener la piel más lisa.
Tomas una decisión.
Entonces aparece una supuesta explicación psicológica: si elegiste a la primera eres observador, si elegiste a la segunda eres intuitivo, emocional o posees determinada personalidad.
Ese tipo de retos funciona extraordinariamente bien en redes sociales.
Sin embargo, existe una diferencia enorme entre preguntar qué persona parece mayor y demostrar cuál es realmente mayor.
Además, la elección no constituye una prueba psicológica capaz de revelar nuestra personalidad.
El cerebro calcula edades constantemente
Cuando vemos un rostro desconocido, nuestro cerebro intenta obtener rápidamente información.
Podemos realizar estimaciones sobre edad, expresiones emocionales y otras características.
Gran parte de este proceso ocurre casi automáticamente.
No necesitamos detenernos conscientemente a contar arrugas.
Observamos el conjunto.
Pero una estimación rápida no significa que sea exacta.
¿Qué características asociamos con la edad?
Existen cambios físicos que suelen aparecer con el paso de los años.
La piel puede perder elasticidad.
Pueden aparecer líneas y arrugas.
El cabello puede cambiar de color y densidad.
La distribución de grasa facial también puede modificarse.
Pero estos procesos no ocurren exactamente a la misma velocidad en todas las personas.
Dos mujeres de 50 años pueden aparentar edades considerablemente diferentes.
La genética tiene influencia
Algunas características de nuestra piel y estructura facial tienen un componente genético.
Eso puede influir en la manera en que envejecemos visualmente.
Pero la genética es solamente una parte.
La exposición al sol, el tabaquismo, diferentes hábitos, determinadas enfermedades y otros factores pueden modificar la apariencia.
Por eso no existe una fórmula visual perfecta que permita convertir un rostro en una fecha de nacimiento.
El sol puede modificar considerablemente la piel
La exposición acumulada a radiación ultravioleta participa en el fotoenvejecimiento.
Con el paso de los años puede contribuir a manchas, cambios en la textura y arrugas.
Dos personas de la misma edad cronológica pueden haber tenido exposiciones solares muy diferentes.
Una puede haber trabajado durante décadas al aire libre.
Otra puede haber tenido una exposición mucho menor.
Eso puede reflejarse en la apariencia de la piel.
El maquillaje también cambia nuestra estimación
Un rostro maquillado puede alterar nuestra percepción de edad.
Las cejas, pestañas, labios y textura aparente de la piel pueden modificar la impresión general.
Un determinado peinado también influye.
Lo mismo ocurre con accesorios y ropa.
Por eso los retos visuales que comparan dos fotografías pueden estar midiendo muchas cosas al mismo tiempo.
La iluminación puede añadir o esconder años
Una luz frontal suave puede disminuir visualmente determinadas sombras.
Una iluminación lateral intensa puede hacer mucho más visibles las líneas y la textura.
Esto explica por qué una misma persona puede parecer considerablemente diferente en dos fotografías tomadas el mismo día.
No necesariamente existe edición.
Simplemente cambió la luz.
La cámara tampoco es neutral
La distancia y el tipo de lente pueden modificar las proporciones faciales.
Una fotografía tomada muy cerca puede exagerar determinadas características.
El ángulo también importa.
Una imagen desde abajo no produce el mismo efecto que una fotografía ligeramente elevada.
Por eso comparar edades mediante fotografías tomadas en condiciones diferentes resulta especialmente impreciso.
¿Las arrugas indican exactamente la edad?
No.
Aunque generalmente aumentan con el envejecimiento, existe una variabilidad enorme.
Hay personas relativamente jóvenes con líneas de expresión marcadas.
Otras conservan una piel aparentemente lisa durante más tiempo.
Además, determinados tratamientos cosméticos pueden modificar temporal o permanentemente algunos signos visibles.
Mirar solamente las arrugas puede conducir a errores.
El cabello puede engañarnos todavía más
Socialmente asociamos las canas con la edad.
Pero pueden aparecer temprano.
Existen personas que comienzan a tener cabello gris durante la juventud.
Otras mantienen su color natural durante mucho más tiempo.
Además, millones de personas tiñen su cabello.
Utilizarlo como indicador preciso de edad resulta poco fiable.
¿Qué significa si acertaste?
Probablemente interpretaste correctamente las señales disponibles.
Nada más.
No demuestra automáticamente que tengas una inteligencia superior.
Tampoco significa que seas extraordinariamente observador en todos los aspectos de tu vida.
Resolver un ejercicio concreto demuestra principalmente que resolviste ese ejercicio.
Para evaluar habilidades cognitivas se necesitan herramientas diseñadas y validadas específicamente para ello.
¿Y si te equivocaste?
Tampoco significa que tengas mala percepción.
Quizá las fotografías estaban diseñadas precisamente para engañarte.
Quizá utilizaste una señal visual que normalmente funciona pero que en ese caso resultaba poco fiable.
Los acertijos se vuelven interesantes cuando consiguen provocar errores.
Si todo el mundo pudiera responder correctamente en un segundo, probablemente nadie compartiría el reto.
¿Puede revelar tu personalidad?
No existe fundamento para asignar un perfil psicológico completo dependiendo de cuál rostro elegiste.
Las pruebas de personalidad utilizadas profesionalmente requieren procedimientos de validación.
Deben demostrar que sus resultados son relativamente consistentes y que realmente evalúan los rasgos que pretenden medir.
Una imagen viral acompañada por dos descripciones positivas no cumple esos criterios.
¿Por qué entonces sentimos que la descripción nos representa?
Muchos tests virales utilizan afirmaciones suficientemente generales.
Por ejemplo:
«Eres una persona que analiza antes de tomar decisiones, pero también sabes confiar en tu intuición».
Esa descripción puede aplicarse a muchísimas personas.
Cuando queremos creer que un resultado habla sobre nosotros, prestamos mayor atención a las partes que coinciden.
Todos queremos descubrir algo sobre nosotros mismos
Esta es una de las razones por las que estos contenidos funcionan tan bien.
No estamos simplemente observando dos rostros.
Nos prometen una recompensa.
«Tu respuesta revelará cómo funciona tu mente».
Eso genera mucha más curiosidad que preguntar simplemente cuál mujer parece mayor.
El componente psicológico convierte un juego visual en algo aparentemente personal.
La percepción sí es un tema científico
Que el test viral no diagnostique nuestra personalidad no significa que la percepción carezca de interés científico.
Todo lo contrario.
Los investigadores estudian cómo reconocemos rostros, interpretamos expresiones y calculamos edades.
También estudian por qué determinados estímulos producen errores.
Nuestro cerebro necesita interpretar una enorme cantidad de información visual rápidamente.
Para hacerlo utiliza patrones y experiencias anteriores.
Las expectativas pueden influir
Si antes de mostrar una fotografía alguien nos dice que una persona es abuela, podemos comenzar a buscar características asociadas con mayor edad.
Si nos dicen que es estudiante universitaria, nuestras expectativas cambian.
El contexto puede influir en cómo interpretamos una misma imagen.
Esto demuestra que la percepción no depende únicamente de aquello que llega a nuestros ojos.
También interviene lo que esperamos encontrar.
Las fotografías antiguas producen otro fenómeno curioso
Muchas veces observamos imágenes de personas de 30 años tomadas hace cinco o seis décadas y pensamos que parecían mayores.
Parte de esa sensación puede estar relacionada con ropa, peinados y estilos que actualmente asociamos con generaciones anteriores.
El cerebro no solamente observa la piel.
También interpreta señales culturales.
¿Cómo jugar correctamente estos retos?
Como entretenimiento.
Observa la imagen.
Elige.
Compara tu respuesta con la solución si existe una edad comprobable.
Después analiza qué característica hizo que tomaras esa decisión.
Ese proceso puede resultar interesante.
Lo que no deberíamos hacer es convertir la elección en un diagnóstico psicológico.
La pregunta importante es “parece”, no “es”
Una persona puede parecer mayor sin serlo.
Esa diferencia resume todo el reto.
La edad cronológica se determina mediante el tiempo transcurrido desde el nacimiento.
La edad aparente es una estimación realizada por otra persona.
No son equivalentes.
Así que cuando aparezca nuevamente una imagen preguntando qué mujer parece mayor, disfruta del desafío. Tu respuesta puede mostrar qué señales visuales llamaron primero tu atención. Lo que no puede hacer es resumir tu inteligencia, personalidad o manera de relacionarte con el mundo mediante una sola elección.
Fuentes
- American Psychological Association
- Association for Psychological Science
- National Library of Medicine
- National Institutes of Health
- Literatura científica sobre percepción facial y envejecimiento
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